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Reseña

El Sr. Sulu, un ruso, un italiano, un alemán y la Segunda Guerra Mundial

Sorprende ver el considerable número de comics ambientados en la Segunda Guerra Mundial que se publican al cabo del año. Tanto como el hecho de que nuevas generaciones de autores elijan este marco histórico para ambientar sus historias

Algunos lo hacen, eso sí, alejándose de los cánones clásicos del género; ya sabéis: dibujo realista, escenas de batalla, heroísmo a raudales… Es el caso de los tres títulos elegidos en este repaso. Los tres comparten además, que los protagonistas de sus relatos sean personajes reales, con nombre y apellidos. Los nombres que escriben la historia con minúscula, desde el anonimato; pero es su experiencia, su drama, lo que permite precisamente que la historia sea escrita.

Éramos el enemigo (Planeta Cómic).

Si mencionas el nombre de Sulu a cualquier aficionado a la saga Star Trek, enseguida sabrá que estás hablando del piloto japonés de la nave. Pues bien, George Takei, que es como realmente se llama el actor que encarna al personaje, ha aprovechado su enorme popularidad, para dar a conocer a través de conferencias, una de las páginas más crueles y vergonzosas de la historia reciente de los EE UU: el confinamiento forzoso en campos de concentración, ordenado por el gobierno federal, de todos los residentes en suelo  norteamericano  de origen japonés, una vez que estalló la guerra entre estos dos países. Y cuando digo “todos”, es literal: familias enteras, niños, ancianos… Gente que fue arrancada de sus hogares, dejándolo todo atrás. Y perdiéndolo. El cómic Éramos el enemigo (Planeta Cómic) es un esfuerzo más por parte de Takei, en visibilizar este drama. Y lo hace con absoluta autoridad, claro, porque él tuvo la desgracia de padecerlo siendo un niño. El trabajo gráfico de Harmony Becker, supongo que no puede considerarse un manga ortodoxo, pero utiliza muchos de sus recursos, especialmente la híper gesticulación, que nos ayuda a comprender (más aun) la vivencia de un niño, de semejante despropósito.

La tierra, el cielo, los cuervos (Nuevo Nueve*).

Un soldado alemán, huye de una prisión rusa cargando con otro prisionero italiano (los italianos metieron las zarpas con los alemanes en la URSS; los españoles, también, pero eso es otra historia). Y de paso, se llevan a un centinela ruso. Parece un chiste antiguo, pero no va por ahí. Esa huida desesperada, en medio de un paisaje basto y nevado, que no parece tener límites, se nos cuenta intercalada con los recuerdos y los pensamientos del italiano, llenos de nostalgia y tristeza. Teresa Radice, guionista de La tierra, el cielo, los cuervos (Nuevo Nueve*), deja que sus personajes, a los que no une más que el afán de supervivencia, se expresen en su idioma (la edición española, solo ha traducido el relato del italiano, protagonista de la historia); así, el lector vive de forma más cercana lo angustioso que llega a resultar enfrentarse a  una situación de estrés y supervivencia, junto a dos tipos con los que no puedes entenderte.

Rhapsody in blue (Sapristi).

Rhapsody in Blue (Sapristi) es, entre otras cosas, un bellísimo tributo a la ciudad de Nueva York, a su luz y sus colores, tal y como los reflejaba Edward Hopper. Pero si lo traemos aquí, es por la historia que nos cuenta Andrea Serio. La historia de uno de tantos adolescentes judíos, que tuvieron que salir huyendo de Europa, al refugio de sus familiares en América, en muchos casos, dejando a su familia cercana (padres, hermanos,…) en sus países de origen, y a los que, con mucha probabilidad, no volvieron a ver con vida. Estos muchachos, una vez que EE UU entró en guerra, sintieron la necesidad moral de luchar contra esa peste que azotaba Europa y que estaba literalmente exterminando a su raza. Como en el título anterior, el relato, cargado de poesía, se adereza con flashbacks, que evocan el anhelo de la vida plácida que quedó atrás.

Hasta aquí, solo tres ejemplos de lecturas muy recomendables. Pero si te gusta especialmente este momento de la historia, encontrarás más y variados títulos: 1941: Voljov, Dreaming Eagles, Solas en Berlín Y vendrán más.

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